Consideraciones sobre la enseñanza formal de la filosofía en las escuelas.

RESUMEN: El cambio necesario más allá de los objetivos, es a la institucionalidad secuestrada por el centralismo santiaguino, que debe orientarse esta vez al rol activo de los municipios y las comunidades en la delimitación, fiscalización y aprobación del curriculum a aplicarse.

El gran legado de la cultura occidental contemporánea, es comprender al hombre en estrecha vinculación con su situación particular. Una mirada crítica a la enseñanza de la filosofía en el Chile del bicentenario, no podrá venir de otro lugar que no sea la misma realidad de Chile en relación con el mundo.

Desde Hegel, se asume que la condición de posibilidad de todo saber filosófico, se debate en su naturaleza de saber histórico. De tal modo, la filosofía comienza desde el momento en que consideramos valioso pensarnos a nosotros mismos, como chilenos o latinoamericanos, pertenecientes a la forma concreta de un pueblo que comparte ciertas categorías desde las cuales evalúa la realidad.[1] Si la filosofía no expresa la vida de la comunidad o la comunidad no piensa su propia vida, lo que se alcanza no es más que pensamiento mistificado, como diría Salazar-Bondy; pensamiento mediante el cual solo se obedece a motivaciones extrínsecas y que nada podrán desentrañar de la verdad o el destino del chileno de hoy.

Los planes y programas del ministerio de educación chileno (en adelante MINEDUC) para el subsector filosofía consignan querer entregar al estudiantado: “experiencias filosóficas genuinas y documentadas”[2] mediante su objetivo básico: “argumentar filosóficamente dentro de la sala de clases”[3]. Como se ha dicho con anterioridad, tal experiencia filosófica genuina, emergerá exclusivamente de los valores y motivaciones propios de una colectividad o cultura determinada. El pensamiento mistificado, alcanzado por analogía que obedece a determinantes exógenos, quedará relegado por tanto, al nivel de la doxa; el logos de un pueblo o cultura determinada solo se alcanza cuando ésta persigue sus propios fines, cuando este pueblo deja de ser mero accesorio o instrumento del pensamiento ajeno, para atreverse a develar su lugar en el cosmos. Ello a juicio de Freire[4] es fundamental en el mundo de hoy, que nos muestra un escenario donde la deshumanización, en cuanto cosificación del ser humano, lo mismo que el olvido se constituyen como principales realidades históricas.

En el escenario actual de globalización y sociedad del conocimiento, donde los diferentes pueblos avanzan mediante un proceso continuo y dinámico hacia la interdependencia, es necesario legitimar cada pensamiento particular situándolo en el despliegue sistemático de todos los pensamientos. Ello da total sentido a la concepción de filosofía expuesta por el MINEDUC en su programa como: “forma de reflexión sobre la totalidad de la experiencia humana”[5], que tiene como propósito: “analizar los supuestos y fundamentos de las creencias humanas, especialmente, aquellas que identifican las distintas concepciones globales del mundo que orientan la conducta de las personas”[6]. Sin embargo no queremos con ello dar lugar a un proceso de asimilación, en que cada cultura o lenguaje particular debe ser medido en función del american way of life, sino por el contrario resaltar el valor que cada medio cultural determinado encierra en sí mismo, de modo que como Guillermo Francovich describe adecuadamente: “Todos los pueblos de la tierra (…) afinarán sus formas de vida de tal modo que contribuyan con lo más puro de su originalidad, con su peculiar visión del mundo, a dar una forma más perfecta de la expresión humana que representan en el mundo”[7].

Y es que los nuevos tiempos, como fenómeno histórico ineluctable, demandan a la educación cimentarse en la multiculturalidad. En esta exigencia se debate la legitimación del quehacer pedagógico como una práctica orientada al bienestar social, a la movilidad efectiva entre sus diversos sectores y al desarrollo cabal del ciudadano. Para ello es fundamental, como señala Luis Enrique López, normalizar aquellas lenguas que a lo largo de la historia fueron sistemáticamente silenciadas mostrándolas como medio igualmente eficaz que el español para transmitir conocimientos[8].

La interculturalidad en la educación, lo mismo que la poliglosia[9], es una reivindicación histórica con la que los pueblos americanos deben dar por superado los prejuicios instaurados en la época colonial. Estudios antropológicos sobre el cultivo en terrazas en el altiplano, son fiel evidencia de la ancestral cooperación y diálogo entre las culturas de América. Ello claramente demuestra los perjuicios que trajo consigo la imposición violenta y sistemática de modelos sociales y culturales que buscaron simplemente unitarizar, anulando cualquier otra forma de racionalidad.[10] Justamente en la mayoría de los países andinos se han levantado desde 1940 distintos programas de educación intercultural bilingüe (EIB). Sin lugar a dudas, la educación es uno de los planos donde puede concretizarse la interculturalidad dando el salto cualitativo del discurso a la acción, por lo que no podemos permanecer ajenos a este asunto.

En las escuelas de nuestra América se reproduce la idea de que somos diametralmente diferentes, incluso enemigos, que el progreso de un pueblo o nación no es concebible sin la ruina de su hermana. Mediante estas “falacias desarrollistas” se busca ocultar el patrón común que hermana a nuestros pueblos, aquel destino común que busca acabar con las relaciones coercitivas de dependencia hacia las metrópolis, para ejercer a cabalidad la soberanía e independencia cultural de los diferentes grupos humanos que dan forma a aquella “polisemia” que es la cultura latinoamericana.

Abrirse a esta dimensión es un acto necesario para reducir el trecho que hay del dicho al hecho en la propuesta del MINEDUC, y un acto necesario de reconocimiento y solidaridad hacia aquellas gentes que luchan por prevalecer a la homogenización de la cultura, demandando que se les respete en su real alteridad cuyas voces interpelan a las sociedades que en general optan por hacer la vista gorda a este fenómeno. La propuesta del MINEDUC apunta esencialmente a lo mismo: “promover una actitud que permita vivir lo propio con reverencia, a la vez que tratar respetuosamente a quienes viven de otras formas”[11].

Forzar a los alumnos a memorizar teorías y planteamientos de filósofos ajenos a su época y motivaciones sería incurrir en lo que Freire llama “pedagogía bancaria” fenómeno que Ortega y Gasset describe como el momento en que los maestros nos obligan a tragar el conocimiento introduciéndonos un cuerpo extraño, un repertorio de ideas muertas que se hacen irreales y que pasaran pronto al olvido por no implicar vínculo alguno con el sujeto. Ello en contraste a si utilizamos todo el aparataje teórico desarrollado por los filósofos (occidentales y periféricos) en la propuesta de Freire de una “educación problematizadora” que en vez de ocultar sus problemáticas al individuo para transformarlo en servidumbre laborar e intelectual, ponga tales problemas y contradicciones de manifiesto, a fin de superarlas. Ello no viene más que a afirmar la propuesta del MINEDUC que busca mediante la filosofía, propiciar el pensamiento crítico reflexivo, desde un plano alejado del mero historicismo burdo –aquel que nos muestra la historia de la filosofía como la luz que se desplaza de la mente de un gran pensador a otro- que no repara en vincular el pensamiento con la situación actual, que se limita a presentar  de manera unilateral el valor de un suceso o pensamiento particular al modo de verdades universales y necesarias.

El “aprendizaje significativo” vendrá dado por las valoraciones que el sujeto construye a partir de su experiencia vital. El MINEDUC consigna claramente que la enseñanza de la filosofía debe orientarse a que “los estudiantes lleven a cabo procesos de interpretación y aplicación a su propia experiencia en su contexto social y cultural”[12]. De tal manera ni el filósofo ni el profesor de filosofía son salvadores de una racionalidad extraviada en las carreteras de la información. Estos últimos deben provocar el pensamiento crítico reflexivo de sus estudiantes a partir de la puesta en cuestión de los fundamentos y supuestos que configuran las distintas racionalidades acerca del mundo, para ser contrastadas y llevadas a un estado mayor de desarrollo que respete al otro en su total alteridad y no busque supeditarlo ni mucho menos hacerlo desaparecer.

En lo anteriormente expresado se debate la vinculación hoy en día urgentemente necesaria entre la filosofía y el grueso de la sociedad. La filosofía como actividad, hoy vive en el abandono y el descredito, ante la carencia de este vínculo fundamental; es ilusorio pretender, a la luz de la razón teleológica  -muy en boga actualmente- de fines y medios, otorgar un valor capital a una disciplina de la que difícilmente puedan obtenerse beneficios productivos o económicos; a menos que tal disciplina pueda poner en relieve aquellos temas que tocan hondamente a las sociedades e individualidades.

La propuesta del MINEDUC en cuanto a sus objetivos y principios es atingente a las demandas que la sociedad actual debería plantear a la disciplina filosófica en el contexto de la sociedad del conocimiento y las carreteras de la información. El principal error del MINEDUC, consiste en el rol ahistórico que pretende infundir a la enseñanza de la filosofía. Evidentemente -desde una perspectiva geopolítica del conocimiento- no es lo mismo filosofar para un alumno aymara de la región de Arica y Parinacota, que para un alumno chileno de Vitacura, o un alumno mapuche de la Araucanía. El enfoque didáctico que necesitan los objetivos planteados por el ministerio para llegar a concretarse, no es otro que el análisis crítico-reflexivo de las condiciones de vida en nuestro entorno (familia, barrio, país, continente, etc.)  que condicionan y legitiman, como dicho anteriormente, la condición del saber filosófico a su naturaleza de saber histórico. El cambio necesario más allá de los objetivos, es a la institucionalidad secuestrada por el centralismo santiaguino, que debe orientarse esta vez al rol activo de los municipios y las comunidades en la delimitación, fiscalización y aprobación del curriculum a aplicarse.

 

 

Bibliografía:

 

  • Programa de estudio filosofía y psicología, 3° año medio, MINEDUC (2007).
  • Programa de estudio filosofía y psicología, 4° año medio, MINEDUC (2007).
  • Paulo Freire (2005), Pedagogía del Oprimido, Siglo XXI editores.
  • José Ortega y Gasset, Sobre el estudiar y el estudiante. www.librosgratisweb.com/…/sobre-el-estudiar-y-el-estudiante.pdf
  • Arturo Andrés Roig, Teoría y crítica del pensar latinoamericano, Una ventana, Buenos Aires, 2009.
  • Guillermo Francovich (1942), Pachamama, Asunción, La colmena.
  • José Ferrater Mora (1981), Diccionario de Filosofía,  España, Alianza.
  • Augusto Salazar Bondy (1968), ¿Existe una filosofía en nuestra América?, México, Siglo XXI.
  • Juan Manuel Álvarez Méndez (2000), Didáctica, currículo y evaluación: ensayos sobre cuestiones didácticas, España, Miño y Dávila editores.
  • Domingo Araya (2003), Didáctica de la filosofía, Colombia, Cooperativa editorial magisterio.
  • Luis Enrique López (ed.), Interculturalidad, educación y ciudadanía, FUNPROIEB, Bolivia, 2009.

 

 

 


[1]           Esto es lo que Arturo Andrés Roig denomia “a priori antropológico”.

[2]                Filosofía y psicología, planes y programas del MINEDUC, 2004.

[3]              Op. Cit.

[4]              Paula Freire, Pedagogía del oprimido, Siglo XXI editores

[5]              Filosofía y psicología, planes y programas del MINEDUC, 2004.

[6]              Op. Cit.

[7]              Guillermo Francovich, Pachamama, La colmena, Asunción, 1942.

[8] Luis Enrique López (ed.), Interculturalidad, educación y ciudadanía, FUNPROIEB, Bolivia, 2009.

[9] Muchas lenguas.

[10] Estos no son otros que la filosofía de la conquista representada por Ginés de Sepúlveda y Las Casas, y en segundo término, el modelo de Estado nación del liberalismo temprano cuya culminación la encontraremos en la filosofía del derecho hegeliana.

[11]             Filosofía y psicología, planes y programas del MINEDUC, 2004.

[12]             Op.cit.

One comment on “Consideraciones sobre la enseñanza formal de la filosofía en las escuelas.

  1. Muy pertinente tu articulo, siento que la necesidad de cuestionar el actual programa de filosofía se hace realmente cada vez más imperiosa. La decisión sobre el curriculum actual fue tomada muy a puertas cerradas, con informaciones y labores muy anbiguas para los especialistas convocados por subsector, especialmente para el nuestro. A veces uno es duro con la academia que no se preocupa de estas cosas, pero la verdad es que la esfera de poder del Mineduc es infranqueable. Habrá que pensar como lograrlo.
    Bueno y al respecto del estado del arte de lo que planteas, en las teorias en torno a la problematica del curriculum educacional se habla de ‘pertinencia cultural’ para la creacion y aplicacion de estos en Latinoamerica. Resulta que el método de planificación -muy tedioso para estudiantes de pedagogia- fue creado en Estados Unidos y trasplantado, con nula critica, en varios paises del continente. Ahi radica el problema, q nuestro curriculum responde a la cultura norteamericana, tiene por decirlo asi ‘pertinencia cultural’ con esa sociedad.
    En fin… asi es la mafia de la educacion pues. Un abrazo compañero.

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