La ‘emergencia’ de lo social-comunitario: nueva sociedad (de control gubernamental)

Introducción

            El presente ensayo pretende realizar una revisión general sobre la concepción de lo social en las políticas gubernamentales actuales, para luego plantear una postura respecto al tema: lo ‘social’ sólo es una herramienta o discurso que utiliza el gobierno para seguir manteniendo el control sobre las personas, y a pesar de que valide el concepto de comunidad como una forma de reconfigurar el concepto de gobierno, no deja margen para que éstas puedan tomar decisiones por sí mismas, si no que utiliza a la comunidad, para reafirmar lo social, gubernamentalizándola por completo. En ese sentido, el gobierno hace creer a las comunidades, mediante una falsa ilusión, que éstas pueden llegar al empoderamiento.

Desarrollo

             Rose (1996) introduce su ensayo con el siguiente dato que da cuenta de la situación en diversos países: “In almost all advanced industrial countries, from Sweden to New Zealand, the old certainties of ‘the welfare state’ are under attack, and welfare systems are undergoing transformation. One sees the privatization of public utilities and welfare functions” (p. 327). Se observa en esta cita, a pesar de que fue escrita en 1996, un sentimiento que en la actualidad se comparte. En ese sentido, el modelo pro-mercado, es algo que ya estaba destruyendo lo social hace más de una década.

El autor plantea que debido a las nuevas concepciones sobre lo social a nivel mundial, la forma de entender el ‘gobernar’ toma un vuelco: “By the early decades of the twentieh century, politicians in different national context in Europe and North America had been forced to accept that government of at least some aspects of this social domain should be added to the responsabilities of the political apparatus and its officials.” (Rose, 1996, p. 329). Los gobiernos ya no sólo debieran simplemente “gobernar” (entendiendo esto como las responsabilidades político-económicas), sino también incluir el dominio de ‘lo social’ en sus decisiones. Lo anterior se complementa con lo que plantea Rose (1996) en la siguiente cita: “Simultaneously, law can no longer be the sole and sufficient legitimate political means for archieving order and security; indeed law itself must answer to the demands of social government.” (p.329), donde se muestra que la ley no basta por sí misma, y el orden debe estar contextualizado en función del bienestar social.

            Para subsanar e impulsar lo social, Rose plantea que surge la comunidad como una posible solución: “No doubt a whole range of other local shifts in vocabulary in diverse sites contributed to the emergence of the community as a valorized alternative, antidote or even cure to the ills that the social had not been able to address –or even to the ills of the social itself.” (Rose, 1996, p. 332). En ese sentido, el gobierno debe gobernar a través, para y por las comunidades (Ibid). Asimismo, estas comunidades deben ser responsables, concientes y capaces de intervenir en sí mismas, lo que se observa en la siguiente cita: “Society is to be regenerated, and social justice to be maximized, trough the building of responsable communities, prepared to invest in themselves” (Ibid).

            Rose (1996) considera que el hecho de que el territorio del gobierno se reconfigure en términos de comunidad, tiene 3 consecuencias importantes:

-          1) Espacial: que implica una des-totalización, que lo social esté ubicado más allá de lo territorial. Es decir, las comunidades pueden tener o no un sustrato geográfico.

-          2) Ética: La responsabilidad y las obligaciones ya no recaen en los individuos, si no en las comunidades. El individuo es en su comunidad.

-          3) Identificación: Los individuos se identifican con las comunidades de las que son parte.

Entonces, el “government trough community” (Rose, 1996, p. 332), implica una reconcepción tanto en la forma de intervenir como en el concepto de entender el ‘gobernar’, lo que se evidencia en la siguiente idea de Rose: “Government trough the activation of individual commitments, energies and choices , trough personal morality within a community setting.” (Rose, 1996, p. 335).

De todas formas, existe también un riesgo, y es que precisamente “we can thus be governed trough our allegiance to particular communities of morality and identity” (Rose, 1996, p. 336). Es decir, el gobierno potencia nuestro sentido de pertenencia y lealtad hacia nuestras comunidades y finalmente nos gobierna a través de ellas.

El autor describe una división de los sujetos, entre los que encontramos a los afiliados y marginalizados. Los primeros cuentan con recursos financieros, educativos, y morales para ejercer su papel de ciudadanos activos en comunidades responsables. Por otro lado, están las personas marginalizadas a los que no se les considera afiliados a tales comunidades, debido a su incapacidad para autogestionarse. Por lo tanto, el gobierno plantea el problema de riesgo, con lo que también se genera una política de riesgo que trae consigo, por ejemplo, a industrias que proveen seguridad (Rose, 1996).

Esta política de riesgo, re-responsabiliza al individuo, en cuanto a la inversión que debe hacer éste en su seguridad, es decir, en pensiones personales, seguros privados de salud, alarmas antirrobos, etc. Con ello se genera un mercado para que las personas eviten el riesgo para sí mismos o sus familiares, generándose un espiral interminable de amplificación de riesgo y una apertura al mercado de seguridad (Rose, 1996).

En síntesis, las comunidades no son empoderadas para dar solución a los problemas que las aquejan, sino que se busca que el sujeto enfrente sus problemas de manera individual y no que enfrente estos fenómenos en comunidad y sociedad (Rose, 1996).

Rose (1996) entiende que sólo en función de  las lógicas de inclusión y a través de mecanismos como la elección, la autonomía y el consumo, se pueden comprender las maneras de actuar sobre temas como “Want, Disease, Ignorance, Squalor and Idleness” (p. 344), los 5 enemigos que debieron ser atacados por “a comprehensive policy of social progress” (Ibid) basado en la cooperación entre el Estado y el individuo, según cita el autor a Beveridge en 1942.

En mecanismos como las  “societies of control” (Ibid) de continuo monitoreo y reconfiguración de las conductas, somos sometidos a procesos de integración funcional: como el proceso de aprendizaje a lo largo de la vida, el reentrenamiento continuo, la constante presteza para el trabajo y el consumo incesante. Pero estos procesos de modulación continua, siempre  han estado acompañados por la intensificación de la intervención política directa, disciplinaria y, frecuentemente coercitiva y carcelaria para con ciertas personas y zonas particulares (Rose, 1996).

En tanto la civilidad es comprendida como la afiliación por consumo, las prácticas divisorias son reconstituidas para problematizar a ciertas personas “abyectas”, sectores y localidades para la atención coercitiva específica: los infraclases, los excluidos, los marginales. Esta clasificación de individuos socialmente problemáticos en categorías precisas, cada una con su particular forma de intervención subsiste y se mantiene a lo largo de la historia del gobierno de la conducta, hasta inclusive en la maquinaria interna del llamado Estado de Bienestar (Rose, 1996).

En ese sentido, el autor plantea que el empowerment a pesar de que se busque como un fin deseable en el territorio gobernable de la comunidad, sigue estando revestido de una lógica paternalista impulsada por los profesionales de las ciencias sociales, que a su vez, reproducen lógicas y políticas del gobierno, en base a metas, objetivos y mediciones, como una forma de administrar a los profesionales (Rose, 1996). Lo anterior, el autor lo expresa de la siguiente forma: “this empowerment, and the activity it is to generate, is not located within a closed disciplinary space, but upong the gobernable territory of cultural community. Empowerment, then, is a matter of experts teaching, coaxing, requiring their clients to conduct themselves within particular cultural communities of ethics and lifestyle, according to certain specified arts of active personal responsibility” (Rose, 1996, p. 348).

En ese sentido, se desprende que las nuevas técnicas aplicadas por los expertos deben integrar y a su vez, traspasar a la comunidad, con el fin de reducir los riesgos que ésta pueda tener. De esta forma, la comunidad podrá manejar sus conflictos y a su vez, los individuos podrán plantear a la comunidad sus problemáticas, lo que se observa en el siguiente fragmento: “The novel intellectual techniques of risk identification, risk assessment and risk management bring” (Rose, 1996, p. 349).

Entonces, el gobierno a pesar de que intenta solucionar lo social a través de políticas públicas, muchas veces no logra abordar todos los problemas que se generan a nivel social, y por lo mismo, los organismos privados comienzan a interceder: “Previously social experts such as social workers, benefit officers doctors, social service bureaucrats and other now operate within a whole variety of quasi-private regulatory organizations” (Rose, 1996, p. 350), lo que se refiere a que hoy en día los problemas sociales están siendo tratados por organismos como las ONG, que no son estatales, si no más bien autónomas o como plantea el autor, “quasi-private” (Ibid). El rol del estado se ve desligado de las políticas públicas, ya sea por falta de recursos o por una baja inversión en temas sociales.

Roses afirma que: “First, in the UK situation at least, there is a renewed emphasis upon the potential of a variety of legal and quasi-legal machanims to meet political obligation to address ´problems´…” (Ibid). De esta forma se puede tener un control sobre el trabajo realizado e imponer estándares mínimos que sean transversales a todos los expertos. A esto también podríamos agregar las normas éticas que cada profesional tiene en su disciplina. El autor menciona que las auditorías han reemplazado la confianza que el gobierno tenía en los expertos, ya que con ellas se puede evaluar el trabajo que realizan pudiendo tener un mayor control sobre su actividad (Rose, 1996). Con esta medida, el profesional podrá mantenerse trabajando de forma independiente y a la vez dar cuenta de su quehacer en las instancias de auditoría.

Conclusión 

            Lo social, comienza a morir cuando el gobierno busca categorizar y fragmentar a las personas (lógica de exclusión). A pesar de que tenga como consigna el impulsar las comunidades (reconfigurando su territorio de gobierno), finalmente las utiliza, mediante los expertos, como un nuevo escenario de control.

            La nueva reconfiguración del territorio de gobierno, que materializa ‘lo social’ en las comunidades, es una nueva forma de gobernar que sólo mantiene la sociedad de control. El empowerment se utiliza como discurso, pero finalmente es el gobierno quien con su lógica paternalista asigna todos los estándares por los que se deben regir éticamente las comunidades, además de asistirlas en todas sus necesidades mediante las políticas públicas y mediadores sociales.

            Entonces, la exclusión provoca un nuevo escenario donde “the social logics of welfare bureaucreacies are replaced by new logics of competition, market segmentation and service management: the management of misery and misfortune can become, once more, a potentially profitable activity” (Rose, 1996, p. 347). La individuación y el mercado impulsan la fragmentación social. Esta misma lógica del mercado, de la eficiencia y también del reciclaje, es aplicada en ‘lo social’, donde el recurso humano abyecto, excluido de los controles sociales institucionalizados, es sometido al juicio ético de la comunidad para su incorporación a la ciudanía social, lo que finalmente, mediante lógicas de competencia e individualismo, mantiene la exclusión (escenario más favorable para el control).

            En definitiva, ‘lo social’ expresado en la comunidad, es una falsa ilusión que el gobierno utiliza y re-utiliza como método de control gubernamental. “Community, that is to say, is to be governmentalized” (Rose, 1996, p. 353).

Referencia

 Rose, N. (1996). The death of the social? Re-figuring the territory of government. Economy Society, 25 (3), 327 – 356.

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