No se puede acabar con el capitalismo sin desmantelar su sistema financiero

 Mahmut Muyahid Din al Ghurba

 

“Denme el control del suministro

de dinero de una nación

y no me importa quién hace sus leyes”

M. A. Rothchild (fundador del Banco Rothchild)

 

“In God we trust” (“En Dios confiamos”)

Inscripción en el billete dollar

(¿En qué dios confían? ¿Es su dios el dinero?

-su dinero, ¡una ficción, un engaño y una decepción!-)

 

Vamos a abordar un tema de temas que atañe a todos querámoslo o no, salvo que alguno de nosotros y sus parientes no deban dar gran parte de sus vidas trabajando para sostener como puedan una situación para sí y sus familias.

En efecto, vamos a ocuparnos de la economía, pero no desde un punto de vista ‘oficial’, es decir el punto de vista economicista, ya que esta pseudociencia se ha transformado en una religión que requiere de sus ideólogos la validación de sus prácticas, por fraudulentas que puedan ser, o, lo que es lo mismo, la simple adhesión a sus dogmas de fe, que no explican el desempleo como su mal endémico debido a la continua destrucción del empleo, consecuencia de la incesante monopolización del llamado ‘mercado libre’, ni la imparable pauperización de sociedades enteras ya empobrecidas, por la imparable subida de precios de los bienes de consumo, o, lo que es lo mismo, la devaluación permanente de la ‘moneda de curso legal’, que hace al sistema inherentemente inflacionario.

Aunque quizás deberíamos partir primero haciendo una importante advertencia a nuestros jóvenes anarquistas -que de nuestra sociedad entera tal vez sean quienes manifiesten instintos más sanos al aborrecer  a los bancos como pilares de la iniquidad-, para que no malgasten sus vidas arriesgándolas en atentados con explosivos contra cajeros automáticos, que no sólo no merman ni un ápice al sistema que así creen combatir, sino que antes lo refuerzan.

De modo que se hace perentoria una importante distinción para quienes tienen una disposición a la transformación de las realidades opresivas, pero que padecen un sintomático analfabetismo político, pues un sistema que se fundamenta en transacciones virtuales realizadas a través de dispositivos electrónicos, no se debilita con atentados en su contra, y aún más, los requiere para legitimar y proveer de justificación su aparato jurídico judicial, que a la vez que legitima el latrocinio establecido de gran estilo, policializa los conflictos sociales que de su mismo funcionamiento se derivan.

Por lo tanto, debemos señalar a dichos jóvenes que su diagnóstico no va mal encaminado, pero que deben profundizar en el estudio del funcionamiento de la matrix que pretenden combatir, para ajustar sus métodos de manera que su lucha sea exitosa y no estéril, cuando no beneficiosa para aquellos que profitan de la maquinaria que ellos repudian.

Una vez dicho lo anterior, hemos de señalar algo que no deja de sorprendernos. Se trata de lo alineados que se muestran con este sistema incluso los miembros de las comunidades universitarias, desde rectores y decanos hasta profesores –aún los de un departamento tan crítico como se supone que tendría que serlo un departamento de filosofía- cuando se confronta este espinudo tema de la economía como método de manipulación y control social parapetado tras las ‘libertades democráticas’.

En efecto, nuestros formadores en su mayoría le restan importancia a este asunto crucial -aún cuando el nivel de endeudamiento del ciudadano con los bancos sea equivalente a un promedio de 18 sueldos por persona activa (¡si esto no es esclavitud, que alguien nos diga qué cosa es!)-, insinuando incluso que cualquier crítica a este sistema debería  ser formulada desde el espacio de la ‘Ilustración’, y muchas veces aún, dentro de ella, desde el marxismo, definiéndose alguno inclusive admirador de la democracia liberal, como si ésta fuese ‘la manera más civilizada de gobernarse’ y no el modo más perfeccionado de consumación de la bancarización de las sociedades en el mundo[1]

De este modo las universidades se revelan como un pilar más de la sociedad monetarista, y una instancia que, al igual que el servicio militar, moldea el pensamiento y lo mantiene ‘saludablemente’ dentro de límites aceptables. No debemos olvidar que es el Banco Mundial el que provee a estas instituciones de los recursos necesarios para las reformas que en ellas ese mismo organismo impulsa, dándoles de este modo un carácter performativo.

Pero y, cabe preguntarse, ¿cómo vamos a encontrar una crítica genuina dentro del espacio de la Ilustración al sistema a que esta misma ha dado origen otorgándole  su plataforma de conceptos fundacionales? ¿Y cómo garantiza el marxismo una lectura completa del fenómeno económico si asimila la dinámica de un banco al esquema del proceso productivo, y a la creación de ‘dinero’ de la nada (‘emisión’), al de la plusvalía?

Para comenzar, cuando hablamos de capitalismo, la primera idea que se nos viene a la cabeza es la idea de capital y la idea de acumulación, o de capitalización, y la noción de que hay quienes capitalizan o acumulan muchísimo a costa de un contingente enorme de personas que a diario brindan su fuerza de trabajo para sostener a duras penas sus vidas y las de sus familias. Y aunque esto nunca ha sido más cierto que en nuestros días, hay un detalle, por así decirlo, que no es del todo cierto, o que ha sido, hablando con propiedad, del todo falseado. En primer término porque hoy menos que nunca -y desde los albores del capitalismo-, se trata de la movilización de capitales propiamente tales, ni de bienes, aunque estos sí sean movilizados en última instancia por los procesos de hiper-acumulación e hiper- concentración de “dinero”.

Ponemos la palabra dinero entre comillas, debido a que el capitalismo se desarrolló precisamente a partir de la eliminación de la circulación del dinero real como medio de cambio[2], y la puesta en práctica de procedimientos que lo sustituían por meros símbolos de riqueza, constituyendo instrumentos susceptibles de ser manipulados al ser fabricados o ‘emitidos’ a voluntad con mayor o menor profusión por las instituciones cambiarias, a diferencia de las monedas de oro y plata[3], que al no poder ser ‘emitidas’ -sino tan solo acuñadas-, al entrar en circulación en las transacciones debían ser inevitablemente gastadas.

De ahí que la explicación marxista del origen del capitalismo como un proceso temprano de acumulación derivado del despertar del comercio mundial, así como de acumulación de la plusvalía sustraída por los empresarios al valor del trabajo de los obreros, no sean sino una explicación mítica, o por lo menos parcial, cuando no una mera falsificación de la naturaleza real de los fenómenos mal llamados económicos[4], ya que en esta narración desaparece misteriosamente el papel del monetarismo como mecanismo y base de expansión y recepción del mercantilismo bancarista monopolizador llamado capitalismo.

Esta es la primera distinción necesaria de hacerse, si no queremos pasar otro siglo y medio –en el caso de que el planeta aguantase y nosotros con él- atrapados en las definiciones de la escuela marxista acerca del capital, que parecen críticas del capitalismo, y que sin embargo continúan sin hacerle mella, antes bien, por el contrario, se han mostrado en sus aplicaciones prácticas -las revoluciones-, como herramientas insustituibles a la hora de abrir Eurasia al ‘mercado’ o procesos de explotación exhaustiva redundante en los aludidos procesos de acumulación, tal como la revolución francesa y la ideología de los ‘ilustrados’ fueron en su momento herramientas irremplazables para acabar con los obstáculos que frenaban el crecimiento y desarrollo de la ‘burguesía mercantil’, y sentar las bases de la posterior propagación, ya con Napoleón, de la red de sucursales bancarias por toda Europa[5].

Hacemos, además, la distinción de lo que entendemos por burguesía a diferencia de la concepción marxista, pues se trataría de la clase que se desarrolló a partir de la transformación del dinero, de medio de cambio en mercancía, paso que señala un salto cualitativo, y una liberación de las fuerzas burguesas, ya que como medio de cambio el dinero es sólo una herramienta que facilita las transacciones, pero como ‘mercancía’ se transforma en un mecanismo de acumulación en sí, ya que ‘produce’ sin producir, constituyéndose en un dispositivo expropiativo-adquisitivo en manos de quien lo controla, e introduce una figura, el prestamista, que a partir de particulares y familias se irá transformando paulatinamente en redes bancarias,  consorcios o entidades corporativas de una centralidad fundamental en el capitalismo tardío[6], ligadas al control de las materias primas, medios de producción -con el petróleo y el complejo industrial militar como apartados cruciales dentro de los anteriores-, ‘medios de producción cultural’, como los medios de comunicación e internet, y el manejo de los estados y organismos internacionales a voluntad según sus intereses.

Visto lo anterior, podemos notar el rol de ocultamiento que el marxismo ha tenido respecto al ascenso de la burguesía como un conjunto de personas que se desarrolló no a partir del comercio, sino del comercio del dinero –lo que en sí denota un contrasentido-, toda vez que dicha ideología se ha referido a la burguesía ante todo como clase mercantil, desviando hacia la empresa y el comercio una crítica que debía centrarse en las prácticas financieras propiamente tales.

Con todo, la diferencia entre industria, comercio y actividad financiera es hoy del todo observable –a pesar de lo entrelazadas que están-. Primero, porque los procesos del capitalismo tardío han desindustrializado las metrópolis, llevando los procesos productivos a las zonas donde menos onerosos resultan los ‘recursos humanos’ -y el término no es nuestro, sino propio de la jerga de los economicistas, al igual que el de ‘recursos naturales’[7]-. Segundo, porque dentro de los procesos agroindustriales del capitalismo tardío, la desforestación y la explotación exhaustiva de los recursos supuestamente renovables (en el caso de que se tratara de procesos racionales, que no lo son), va a la par con la desocupación de las zonas rurales, la hiperconcentración de población en conglomerados urbanos, la absorción de las áreas rurales colindantes a dichos conglomerados y la terciarización de la economía, es decir, la primacía del sector servicios por encima de las actividades netamente productivas. Y tercero, porque y aunque el comercio forma parte de una actividad preponderante en la sociedad actual, no lo fue menos en sociedades de otras épocas, sin que se modificaran en ellas los procesos creativos y productivos casi hasta su destrucción como en las nuestras, en las que el carácter del comercio ha sido modificado, siendo reducido a un esquema de simple distribución a partir de la monopolización realizada por consorcios o corporaciones.

No obstante la posición clave que hoy ocupan estas corporaciones asociadas a las redes bancarias es algo nuevo que no escapa a ningún ojo atento y perspicaz que observe con atención la quintaesencia del dinamismo de los procesos actuales.

Por otra parte, si hablamos de dinero entre comillas es porque a pesar de movilizar toda suerte de recursos, tal y como decíamos, y aún promover todo tipo de acciones a partir de la “movilización de los recursos humanos”, dicho dinero tiene una cualidad fundamentalmente ilusoria. Para darnos cuenta de ello basta con observar lo que ocurre cuando es otorgada en calidad de préstamo cualquier cantidad importante de ‘dinero’; su receptor, sea persona o empresa, no recibe siquiera una maleta llena de billetes -que no dejan de ser papelitos de colores bien impresos y bien recortaditos-, sino tan sólo una cifra reflejada digitalmente en una cuenta corriente, que luego permite la red consecutiva de transacciones sostenidas por tarjetas plásticas con dispositivos electrónicos; lo que nos indica que en ningún momento existe riqueza física como fundamento de dichas transacciones -ni siquiera en el modo de símbolos de riqueza o billetes semejantes a los de los juegos de mesa, tipo citypol o monopoly-, sino tan solo una circulación electromagnética por sistemas digitales.

¿Qué respaldo tiene esto? Ninguno. El respaldo que tenían los billetes de banco, su convertibilidad en oro, fue abolida durante la primera mitad del siglo pasado por los Bancos Centrales de los diferentes países, que lejos de lo que sugieren sus nombres, no son en modo alguno entidades estatales, sino instancias bajo cuyo nombre y cobertura entidades privadas emiten (fabrican) dinero para prestárselo con intereses a los gobiernos que asumen deudas en nombre de sus gobernados, y que a cambio dan a los bancos otros papelitos emitidos o ‘títulos’ -en este caso llamados ‘bonos del tesoro’- . Razón por la cual se dice que la constante creación de dinero y la subsecuente inflación que produce, constituyen un impuesto oculto a los ciudadanos (que se suma a las ‘contribuciones’ y al IVA pagado en todo género de transacciones), ya que gran parte de esta emisión de dinero, se hace para llevar a cabo proyectos de los gobiernos que, de ese modo, no se limitan en sus presupuestos a lo dispuesto a partir de los impuestos directos.

 

sistema monetario

 

¿PERO ENTONCES QUÉ ES HOY EL DINERO?

A diferencia de épocas antiguas, en las que el dinero consistía en trozos de metal valioso con un peso determinado, hoy el dinero ni siquiera consiste en papel moneda -meros símbolos de riqueza sin valor ni respaldo-, sino que aún ésta última modalidad es apenas una fracción del ‘circulante’, que se utiliza para las transacciones menores o para cumplir la función de ‘reserva’ o ‘coeficiente de caja’, ya que a partir de la reforma bancaria que eliminó la convertibilidad en oro de los billetes[8], se implementó el sistema de la ‘banca fraccionaria’, o la práctica que permite a los bancos prestar una cantidad x de veces sus ‘reservas’, de manera que el incremento o interés que reciben por sus préstamos equivale no al porcentaje de una cantidad de la que teóricamente disponen, sino al porcentaje del número de veces que es ‘prestada’ dicha cantidad, lo cual quiere decir, que en lugar de aumentar sus ‘activos’ en un cinco por ciento –en caso de que este fuera el interés nominal-, lo aumentan en un porcentaje de cinco multiplicado por las veces que han prestado sus ‘ reservas’, que es el modo en que se ‘expande la oferta monetaria’, que si se tratase de una expansión de diez veces estas reservas, estaríamos hablando de una ganancia o de un interés neto de un cincuenta por ciento sobre la cantidad inicial.

¿QUÉ SIGNIFICA ESTO?

Que los dispositivos financieros traen consigo una economía inherentemente inflacionaria, que ‘eleva’ constantemente el precio de las cosas –aunque en realidad lo que ocurre es que el dinero es el que al devaluarse constantemente pierde su valor o poder adquisitivo producto de nuevas ‘emisiones’ (¿quién no ha visto la imagen de una elaboración de billetes, que salen por partidas como en una fábrica de galletas?), mientras por otro lado, producto de la constante actividad crediticia, las entidades financieras logran no sólo contrarrestar para sí esa constante devaluación del dinero que ellas mismas ‘producen’, sino que se sobreponen a ella de un modo más que satisfactorio, pues el afán de acumular dígitos en sistemas digitales no tiene otra finalidad que, a través de dispositivos virtuales, matemáticos y exponenciales (crecimiento geométrico -4, 8, 16, 32, 64, 128…-), hacerse con el control de la verdadera riqueza, no sólo del oro –que al ser encerrado en fortalezas luego de ser extraído de la tierra[9], cumple un destino semejante al oro de la leyenda del anillo de los nibelungos[10]-, sino que de todas las materias primas, el comercio, los medios de información y los medios de reproducción cultural, tanto editoriales y medios de comunicación, como escuelas y universidades -directa o indirectamente, sea a partir de la gestión directa desde el ‘área privada’ o a través del control vía organismos internacionales de  los programas ministeriales de educación-

¿QUÉ ES ENTONCES EL DINERO?

Hoy el dinero es deuda. Es creado de la nada cada vez que se otorga un crédito, porque hace mucho que los préstamos dejaron de ser equivalentes a cantidades existentes en los bancos, y en lugar de eso, son meras cifras sin respaldo alguno por las que se cobran intereses, que a su vez, vuelven a reproducir esta dinámica autogeneradora –‘autopoyética’, en las palabras de Vanessa Lemm[11]-

¿CUÁL ES LA SOLUCIÓN A TODO ESTO?

Desmantelar el sistema financiero, pues la visión mítica de la ‘toma del poder’ al estilo marxista leninista nos lleva a un escenario en el que se pretenden corregir los males de un sistema sin acabar con sus cimientos, que no residen en la explotación sino en su base financiera. Sólo después de acabar con dicha base, los seres humanos tendrán alternativas a la explotación, tanto privada como estatal, no antes.

Y para desmantelar dicho sistema sólo hacen falta dos cosas: uno, re-articular las bases comunitarias, ya que a nivel de individuos es poco lo que puede hacerse -y la masa que vemos en manifestaciones callejeras, es una entidad amorfa y sin dirección-; y dos, restablecer el patrón oro, o, lo que es lo mismo, recuperar la riqueza y devolverles a los bancos y gobiernos sus papeles.

Es bien sabido que basta que las gentes acudan a un banco a retirar sus depósitos de modo simultaneo para que este se declare en banca rota. Pues, de modo semejante, basta que un porcentaje pequeño de hombres y mujeres en el mundo se retire del uso de los instrumentos financieros que posibilitan su esclavitud, para que el sistema financiero se desmorone (o termine de hacerlo).

Barcelona, marzo de 2012.

 

 

[1] Precisamente el mito de la democracia liberal (moderna) como gobierno del pueblo, salta en estos días por los aires justo ahí en el país del que pretende haberse extraído su carácter de modelo clásico (griego), debido a la situación de colapso en la que los bancos imponen medidas de austeridad a gobiernos que no hace mucho los han ‘rescatado’ de la banca rota producto de la excesiva ‘expansión’ del crédito hecha por estos mismos bancos.

[2] Una significativa medida de la Revolución Francesa fue la creación de los assignats, papel moneda o meros símbolos de riqueza que pretendían reemplazar al oro y la plata como medios de cambio.

[3] Sistema bimetálico al que se dio término junto con el Antiguo Régimen, ya que no permitía la libre expansión, no del comercio, como se ha dicho, sino de la espiral del crédito o préstamo con interés.

[4] Economía, del griego oikos (lo relativo a la casa y su administración), y nomos (ley). A diferencia de la definición sugerida por su etimología, a lo que hoy se llama economía refiere una instancia que en lugar de regular lo doméstico desde dentro (soberanía) -aún entendido lo doméstico en un sentido territorial de país como suelo patrio u hogar-, lo interviene y lo determina desde fuera.

[5] Así como la ‘Banque de France’ fue una de las instituciones claves fundadas por Napoleón  (una entidad que ocultaba tras la denominación ‘nacional’ su carácter privado), hay una relación directa entre la invasión de Europa por las glebas republicanas y la extensión de la Banca de los Rothchild en los países conquistados por Napoleón. En este sentido, cabe un detallado estudio histórico de la relación existente entre ciertos ‘inversores’ y las acciones de connotados dictadores -que una vez realizada su tarea, muchas veces fueron abandonados a su suerte. (Véase, por ejemplo, el caso de Milosevic)-

[6] Denominado financiarismo por Alexander Duguin en El financiarismo, estadio superior del Capitalismo

[7] La lógica economicista es antieconómica desde el momento en que la impulsa como vector fundamental la ganancia a corto plazo y no la administración racional de los recursos, que en el mediano y largo plazo aseguraría las fuentes de riqueza; de manera que esta lógica irracional tiende a la destrucción del ser humano y al agotamiento del medio natural que toma por simples ‘recursos’.

[8] No hay que olvidar que los billetes surgieron primero como promesas de pago, bajo la coartada de hacer más seguras las transacciones, evitando o disuadiendo robos y asaltos sobre el porte directo de las monedas de oro.

[9] Hoy en día la extracción de oro se realiza en las minas de Sudáfrica ¡por debajo del nivel de los 5 kms!, a pesar de lo cual este país surge como potencia económica pero al estilo de India y Brasil, es decir, con una polarización en la distribución de la riqueza hasta límites exorbitantes.

[10] En dicha leyenda, el oro del Rhin después de ser extraído es encerrado en una cueva custodiada por un dragón, pues sólo de ese modo le es conferido poder al anillo de los nibelungos.

[11] “Una vez que las reservas geológicas de la producción industrial se entienden como finitas, el capital busca en los recursos autopoiéticos de la vida biológica (ver Varela) una nueva fuente para la reproducción del dinero. La expansión biológica de los límites de la vida, en lo que respecta a su producción y reproducción, alimenta una expansión análoga en la forma de deuda más allá de todo límite “natural” (léase aquí: más allá de toda reserva terrenal que la respalde). Este exceso de capital financiero desbocado se desborda sobre la economía “real” y propulsaría, de acuerdo a las esperanzas más salvajes de los economistas neoliberales durante los años 90, el crecimiento económico ilimitado” La teología del neoliberalismo, Vanessa Lemm y Miguel Vatter.

6 comments on “No se puede acabar con el capitalismo sin desmantelar su sistema financiero

  1. Buena Información.

    “restablecer el patrón oro, o, lo que es lo mismo, recuperar la riqueza y devolverles a los bancos y gobiernos sus papeles.”

    ¿Dices que el capitalismo, pensándolo en su desarrollo histórico desde el mercantilismo, tomó una ruta equívoca o perversa que esclaviza a la gente sin que se observe esto fácilmente (capitalismo financiero), pero que para solucionar esto el capitalismo no presenta problemas desde su base y, por lo mismo, ha de retornar a ella para que vuelva a desplegarse en otras ramas posibles de realización que esperas sean mejores que la actual?

    “dinero tiene una cualidad fundamentalmente ilusoria. Para darnos cuenta de ello basta con observar lo que ocurre cuando es otorgada en calidad de préstamo cualquier cantidad importante de ‘dinero’; su receptor, sea persona o empresa, no recibe siquiera una maleta llena de billetes -que no dejan de ser papelitos de colores bien impresos y bien recortaditos-, sino tan sólo una cifra reflejada digitalmente en una cuenta corriente, que luego permite la red consecutiva de transacciones sostenidas por tarjetas plásticas con dispositivos electrónicos; lo que nos indica que en ningún momento existe riqueza física como fundamento de dichas transacciones -ni siquiera en el modo de símbolos de riqueza o billetes semejantes a los de los juegos de mesa, tipo citypol o monopoly-, sino tan solo una circulación electromagnética por sistemas digitales.”

    Te mueves entre decir que todo depende de la significación que realiza un individuo de aquellos ‘papelitos de colores bien impresos y bien recortaditos’y entre decir que su respaldo ha de ser físico. Me imagino que el respaldo físico que requieres es, al menos, el oro. Pero, debo decir, que el oro más allá de ser un metal no es más que la valoración o significación que realiza de él determinado individuo, convirtiéndolo así en “Metal PRECIOSO”, consecuentemente, puedo decir que el oro en este caso corre la misma suerte que el dinero expresado en papeles con el retrato impreso de una poetiza chilena o, que es lo mismo, lo que significan los números dependiendo del contexto en que se expresan, ya que sabemos que los números en sí mismos a nada refieren, pero con un enunciado que les acompañe podemos hacer afirmaciones como: La pobreza ha disminuido en tal o cual porcentaje, La luz del sol se demora en llegar a la tierra unos 8 minutos aprox., con el impuesto a los alimentos 2 de cada 10 panes son para el Estado, etc. En fin, creo que todo depende de cómo se signifique tal o cual cosa y, por supuesto, de que se encuentre gente lo suficientemente ingenua (o estúpida) para creerlo.
    Reitero sinceramente que es agradable leer información como la expones aquí.

    Saludos Cordiales desde Puente Alto!

    • Creo que has entendido mal el artículo, pues no dice que el capitalismo haya tomado una ruta perversa, sino que la economía lo ha hecho -por lo que ha dejado de ser economía en su sentido clásico-, y por ello ha devenido en capitalismo, y que esta perversión, por contra, es la descapitalización de la economía, lo que ha dado paso a una economía virtual o ficticia que se ha erigido en instrumento de control de una plutocracia mundial, y que en sí mismo no es enmendable, corregible o reformable, sino únicamente desmantelable si los objetivos son distintos a los plausibles según su propia lógica. Y que dicho funcionamiento gusta de definirse a sí mismo según términos que son lo opuesto a las realidades que le subyacen, como ‘economía de libre mercado’ (siendo que tiende la monopolización del mercado por consorcios o corporaciones gigantescas), o ‘capitalismo’ (cuando el financiarismo -un término que le es más apropiado-, para funcionar precisa dejar de lado lo tangible y constituirse sobre formas que al final de cuentas son puramente inmateriales, o formas casi mágicas de control).
      Otra confusión fundamental que tienes, a mi parecer, es que todo puede ser sujeto a una significación o a otra, sin embargo este subjetivismo no mengua un ápice el hecho consumado de que el oro no es fabricable, por lo tanto no es un medio de cambio manipulable del mismo modo que el papel imprimible o los dígitos digitalizables en dispositivos electrónicos.

      http://www.youtube.com/watch?v=q8mFR5mMJYM

  2. Hola.

    A mi parecer, tu análisis es certero y la solución también. Pero creo que adolece de la parte más importante: ¿Cómo transformar esa masa y re articular las bases comunitarias? Pienso que es la parte más esencial del asunto. Es fácil decir “es necesario generar organización hacia fines, escapando a los meros logros superficiales” pero resulta súper difícil en la práctica. Y, lamentablemente, vivimos en una época que valora mucho lo “inmediato”.
    Como segundo punto, creo que en parte es un ideal de la ilustración pensar que las personas (todas) se convencen conversando. Quizás temo que sean necesarias muchas guerras civiles, o mundiales, para quitarles el poder a quienes lo tienen actualmente.
    La verdad no es tanto una crítica o algo malo a tu artículo, sino más bien algo que me tiene pensando arto tiempo no más.
    Eso, que te vaya bonito.

    • Totalmente de acuerdo, rearticular bases comunitarias es la parte más difícil para alcanzar los objetivos propuestos, pero no imposible, y tengo mis ideas al respecto, pero sería indecente plantearlas cual una receta. Por lo mismo, creo que lo importante es dejar planteada la inquietud y un objetivo certero que hoy no muchos ven, a pesar de que hay grandes señales en nuestro propio horizonte.
      En cuanto a ideales ilustrados, no soy ingenuo al respecto, y sé que muy pocos pueden reparar en las cosas tan sólo porque se las señalen, pero también es cierto que es una obligación decir lo que se tiene por cierto aunque pocos sean los que quieran oírlo o considerarlo.
      Respecto a que la gente sólo se ocupa de la inmediatez, también es cierto, pero se acercan tempestades, no guerras civiles -esperemos-, pero sí grandes crisis económicas, sociales y productivas, y antes o después la gente se topará de frente con estas cuestiones. Ya lo verás.

  3. Entrevista a Vicenç Navarro y Juan Torres en Para Todos la 2

    “Los amos del mundo, las armas del terrorismo financiero” Bajo ese título el catedrático de ciencias políticas Vicenç Navarro y el catedrático de economía aplicada Juan Torres explican la concentración de poder en el mundo económico y con ellos hablaremos del euro, del Banco Central Europeo y de la salida de la crisis”

    http://www.youtube.com/watch?v=m0r57nhOBOY

    http://pdf4es.com/los-amos-del-mundo-las-armas-del-terrorismo-financiero-las-armas-del-terrorismo-financiero/

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