Hacia una fenomenología del ser social

Ya’qub Gharibi al Muhayyir

 

 

mapuches

 

 

 

“El ser humano nunca fue individuo, siempre fue comunidad”

Enrique Dussel

 

Fenomenológicamente los seres humanos somos seres en el tiempo, y además en un espacio-tiempo acotado en el que la expresión de nuestro estar en él se manifiesta a través de la corporalidad, a la vez que nuestra condición de haber venido al mundo está dada por la existencia y corporalidad previa de un otro, al haber sido engendrados por un padre y una madre.

 

Esta condición es al mismo tiempo la que otorga las bases para una estructuración de los grupos humanos según nexos de parentesco en los que la condición de posibilidad de venida al mundo de un nuevo ser es la pareja, siendo ésta una de las instancias de mayor aproximación y conocimiento de un otro. Y como la tarea de cuidar a los infantes es larga y compleja, involucrando además aspectos de desarrollo físico y psíquicos implicados por una alimentación fecunda y adecuada en ambos sentidos, la pareja es también un ámbito de cuidado cuyo óptimo está dado por la buena calidad de los lazos y su durabilidad.

 

La condición de durabilidad de la pareja, a su vez está dada por la buena compenetración entre hombre y mujer, y el ser hombre o mujer, los dos modos distintos y complementarios en que se expresa la condición de ser humano, habiendo en ésta rasgos comunes y otros particularizadores de lo masculino y lo femenino, si bien ambos rasgos están presentes tanto en el hombre y en la mujer aunque se halle uno más acentuado, dando con su predominancia el carácter de uno u otra.

 

Dadas estas dos maneras en que se expresa la condición de ser humano, y puesto que la pareja es la instancia de agrupamiento humano en lo externo, y en lo interno, de apertura, conocimiento y desarrollo en el darse uno a un otro, es también una de las instancias primordiales del diálogo y una condición que completa al ser humano, puesto que los seres humanos sin pareja echamos de menos la compañía de un otro, y si bien la compañía está dada por la amistad y también por los lazos de parentesco, y dado que la pareja es en sí la raíz de estos lazos, es también una instancia donde la amistad es dable y uno de sus rasgos cuando menos deseable.

 

Como instancia de encuentro y desarrollo humano, y base para el desarrollo de los hijos (as) y otras relaciones parentales, la pareja es una instancia que requiere una práctica constante de cuidado y ‘construcción’ como aspectos esenciales de dicho desarrollo, que como hemos visto además, no es individual, en el sentido de que implica los lazos y el cuidado de los lazos.

 

En el espacio así definido, y en el cuidado de los vínculos, la afectividad ocupa un lugar fundamental, y en la pareja lo hace además la sexualidad como una modalidad de encuentro y refuerzo de los vínculos, y de una intimidad distinta a la que se da en otro tipo de relaciones humanas.

 

Frente a todo lo antes dicho, nos encontramos en nuestra época post-moderna con un grado avanzado de desestructuración de la familia, un deterioro de los vínculos comunitarios y una tendencia a la desorientación de los jóvenes en cuanto al sentido y el significado de las cosas, que se manifiesta muchas veces en la confusión respecto a la propia identidad y también al modo en que ésta encuentra su expresión de lo masculino y lo femenino.

 

No podemos obviar al respecto, que gran parte de estas problemáticas tienen una estrecha relación con las formas de vida propia de las sociedades industriales y post-industriales de las urbes modernas en las que un ser humano carente de tiempo apenas dispone de él incluso para las cuestiones más esenciales, como son las relaciones familiares, que en las etapas de formación dejan vacíos difíciles de compensar, a lo que podemos sumar rápidamente que en este tiempo son pocos los padres que tienen una preparación adecuada para guiar su propia vida, y con mayor razón la de sus hijos, pues en una sociedad de valores invertidos, por los que las cuestiones más fundamentales quedan relegadas del primer plano, siendo estas cuestiones en la mayoría de los casos materia de auto-formación exclusivamente para quienes se sienten inclinados a ello.

 

Dicho lo anterior, no deja de llamar la atención el término mismo de ‘sexualidad’, que a pesar de que, se insiste, equivale a algo mucho mayor que la genitalidad, no deja de ser un modo parcial y ‘técnico’ de ‘educar’ a los jóvenes en la mirada propia de una sociedad que tiende a disociar la vivencia de la intimidad con la de una responsabilidad mayor que la simple elusión del embarazo no deseado, y en la que se tienden a subrayar los aspectos de una ética de la satisfacción todavía insuficiente en lo que a valores como integridad, nobleza y espiritualidad se refiere.

 

En enfoques no modernos, éstas eran las cuestiones que tenían mayor relevancia en el ámbito de la relación hombre-mujer, que no era aún abordada en términos de ‘sexualidad’. Es por esto, creemos, que resulta de una importancia primordial retornar a una visión más completa, más profunda y más sutil de esta índole de relación, basados en una ética del cuidado, sin perjuicio de dejar espacios para tratar también aquellas cosas que inquietan a los jóvenes.

 

En este abordar con mayor profundidad la relación hombre-mujer y sus implicaciones como base de formación de la generación siguiente, resulta también vital re-evaluar los tópicos de la post-modernidad referidos a esta cuestión, definidos -como la mayoría de ellos- en términos dialécticos; es decir, auto-validados como contraparte a un esquema supuestamente pre-moderno, pero que en realidad constituyen pautas modernas de evaluación de modos anteriores.

 

Esta re-evaluación es además una oportunidad para detenerse ante las cosas que se dan por supuestas y una ocasión inmejorable para el desarrollo del pensamiento crítico. Si bien antes que imponer puntos de vista, nuestra tarea debería apoyarse en una suerte de mayéutica y en la presentación de puntos de vista que sigan dejando espacio para que los estudiantes sostengan sus propias visiones.



pueblos originarios

 

 

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