Sobre Gorgias: una mirada a sus planteamientos “nihilistas”

Gorgias de Leontinos vivió en Sicilia aproximadamente entre los años 483 y 375 a.C., y en el año 427 fue a Atenas como embajador de su ciudad natal para pedir auxilios contra Siracusa. Fue en Atenas donde recibió una fuerte influencia en su vida intelectual, como se ve por las parodias de los cómicos, o por los diálogos de Platón[1].

Es probable que haya sido discípulo de Empédocles –muchas fuentes lo plantean de aquella manera[2]–, pero fue gracias a la dialéctica de Zenón que Gorgias llegó al escepticismo, y publicó una obra titulada “Acerca del no-ser o de la Naturaleza”. Las ideas principales de este libro podrían rescatarse por una parte en los escritos de Sexto Empírico y por otra en las obras de un autor anónimo del tratado pseudoaristotélico  “Sobre Meliso, Jenófanes y Gorgias”[3]. Desde este resumen es posible decir que Gorgias reaccionó de manera distinta a la dialéctica de los eléatas que la manera en que reaccionó Protágoras, ya que Protágoras sostenía que todo es verdad, pero Gorgias postulaba todo lo contrario.

Se puede decir que Gorgias era un dictador de la palabra en el sentido de que éste afirmaba rotundamente que “el lenguaje no manifiesta la realidad, o bien que no manifestamos la realidad por medio de las palabras”[4]. Intentemos comprender esta idea: Gorgias nos plantea que todo lo que podamos significar con el lenguaje nunca nos presentará una realidad común a todos los hombres; es decir, no hay una constelación de significados comunes, de lo que derivaría que la palabra siempre expresará distintas experiencias de la realidad, y por lo tanto, no existiría una “única realidad”.

Desde lo anterior, Gorgias nos presenta el problema del no-ser, y nos dice que 1) “Nada existe, pues si algo existiera tendría que o ser eterno o haber empezado alguna vez a existir. Pero es imposible pensar que haya comenzado a existir, ya que ni del ser, ni del no-ser puede algo llegar a ser. Y además, tampoco podría ser eterno, ya que si lo fuese tendría que ser infinito; pero el infinito es imposible debido a que ni puede estar en algo, ni puede estar en sí mismo, y por ello no puede estar en ningún lugar; y si no está en ningún sitio, no existe”[5]. Podemos decir que este razonamiento que Gorgias nos presenta, a pesar de que se contrapone a la idea de que todo es de Parménides, utilizaría de igual manera los razonamientos en base al no-ser de éste; es decir, por un lado, Parménides desde la idea de que –por ejemplo– nada puede ser desde algo que no es reafirma la idea de que todo es, y por otro, Gorgias reafirma que nada es.

Gorgias nos presentaría otro argumento hipotético frente al tema, 2) “Si existiese alguna cosa, sería incomprensible, no la podríamos conocer. Lo anterior debido a que el conocimiento sería del ser, y por tanto, lo pensado, ha de ser, y el no-ser no podría pensarse de ninguna manera; y en ese caso nunca caeríamos en el error, lo cual es absurdo”[6]. Hemos de convenir acá, que a pesar del carácter lógico de su razonamiento, Gorgias concluiría su hipótesis con otra hipótesis: el ser humano sí se equivoca; pero, ¿quién nos dice realmente que así es? Se podría plantear que el ser humano no se equivoca –a modo de hipótesis y reverberar el argumento de Gorgias en el sentido de que si no nos equivocamos sí accedemos al ser, y éste por lo tanto sí existe. Pienso que no hay fundamento estricto en este razonamiento de Gorgias, y que a la vez, y por lo mismo, es posible combatirlo con su misma sofística.

Existe otro argumento que ya introdujimos con anterioridad al referirnos a Gorgias como un dictador de la palabra; y es 3) “Aun cuando pudiésemos conocer el ser, no podríamos comunicar a otros este conocimiento”[7]. Aquí Gorgias nos presenta el problema de la relatividad del conocimiento, y por lo mismo, de su incomunicabilidad; es decir, por ejemplo, no es posible explicar lo que se ve o lo que se toca con palabras, puesto que lo que se ve o se toca no son palabras.

De todo lo anterior, vendría a tener sentido el hecho de que el mismo Gorgias se autoproclamara como un maestro de la retórica, al punto de decir que la retórica es la técnica de la persuasión, y el sofista el maestro de la opinión. Esta postura sería defendida desde su mismo relativismo al decir que las personas se mueven en un mundo de meras opiniones, y la verdad es para cada uno aquello que creemos como tal, es decir, aquello que nos persuade como verdad; aunque cabe acotar que este relativismo de Gorgias puede ser entendido como un escepticismo que sostiene tesis nihilistas –postura que plantea lo relativo a la nada– en el sentido de que nos dice que no existen verdades, y desde eso, por tanto, todas las opiniones son falsas.

Esta consideración hacia la retórica como el arte de persuadir, llevó a Gorgias a un estudio práctico de la psicología; desarrollando así con plena conciencia el arte de la sugestión, que podía ser usado con fines tanto malos como buenos, o con finalidad artística. En relación a esto último, Gorgias habló del arte del “engaño legítimo”[8] y llamó a la tragedia “un engaño que más vale provocarlo que no provocarlo; ser víctima de él indica mayor capacidad de apreciación artística que el resistirse a ser por él engañado”[9]. De hecho, Filóstrato nos dice que Gorgias fue el iniciador de la sofística más antigua en Tesalia; cuenta que fue el primero en improvisar un discurso ya que se presentó en el teatro de Atenas y tuvo la osadía de decir “proponed”[10], ofrecimiento que implica que con eso muestra que lo sabe todo y que podría hablar de cualquier asunto, confiándose a las sugerencias de la oportunidad[11], es decir, confiándose en la retórica.

Por otra parte, desde la mirada de los filósofos, como por ejemplo de Platón, se tiende tratar despectivamente a los sofistas. Por ejemplo Platón en su diálogo “Gorgias” nos presenta a Gorgias como un sofista con argumentos fáciles de rebatir por Sócrates, quien constantemente lo deja en ridículo (aunque es cierto que Platón no hace lo mismo con todos los sofistas, ya que por ejemplo la postura de Protágoras la presenta como una postura mucho más respetable. Pero vale también presentar una mirada hacia Gorgias distinta a la de filósofos como Platón o Aristóteles, ya que por ejemplo, Isócrates lo distingue como alguien con pensamientos serios colocándolo incluso al lado de Parménides o Zenón. Isócrates dice: “¡Cómo se podría superar a Gorgias, que tuvo la osadía de declarar que nada de lo que es existe, o a Zenón, que trata de probar que las mismas proposiciones son posibles, y a la vez, imposibles!”[12], y también “Las doctrinas de los antiguos sofistas, uno de los cuales afirmó que el número de los entes es infinito; Empédocles, en cambio, que son cuatro, y entre ellos, Discordia y Amistad; Ión, que no hay más de tres; Alcmeón, sólo dos; uno, Parménides y Meliso; y Gorgias que no existe ninguno en absoluto”[13]. Se observa en esos dos fragmentos que Isócrates considera los planteamientos de Gorgias como dignos de ser puestos al lado de incluso otros filósofos. También podemos rescatar un extracto de lo que Sexto Empírico nos dice: “Gorgias de Leontinos pertenecía al mismo grupo que aquellos que han eliminado el criterio, pero no por sostener un punto de vista parecido al de los seguidores de Protágoras…”[14]

En lo personal, considero que las posturas de Isócrates y Sexto Empírico –entre otros– tienen bastante sentido y razón. El hecho de que Gorgias comenzara a cuestionarse temas relacionados al ser, y a la vez adoptara una posición respecto a éste, sin duda denota planteamientos filosóficos; más aun por el hecho de que Gorgias se preocupó de realizar argumentos con razonamientos intentando seguir un estricto orden lógico y puro; labor que, en general, los sofistas no realizaban y sólo se preocupaban de entregar servicios con el nombre de  enseñar la virtud, a través de la retórica. Por lo anterior, es posible plantear que Gorgias se caracterizó por acercarse en buena medida a la filosofía.

En cuanto la posición de Gorgias propiamente tal, pienso que de alguna manera, Gorgias más que demostrar la contrariedad de los planteamientos de Parménides a través de su escepticismo, sólo refuerza la misma postura del filósofo. Lo anterior se debe a errores en el proceso lógico de sus planteamientos. Por ejemplo, en el argumento número 1, Gorgias plantea que lo eterno no existe, porque si existiera habría de ser infinito, y el infinito es imposible debido a que no puede estar en algo ni en sí mismo, y por tanto no puede estar en ningún sitio; pero luego, en el argumento 3, nos dice que todo signo es distinto a la cosa significada, por lo que cabría decir que es absurdo mezclar el plano temporal (la eternidad) con el plano espacial (infinitud), al igual que la misma comparación que Gorgias hace: “…¿cómo podríamos, por ejemplo, comunicar a otros el conocimiento de los colores, si lo que oye el oído son sonidos y no colores?”[15]. Aun así, hay algunos que sostienen que Gorgias sólo quiso demostrar a través de la retórica que la misma retórica era capaz de hacer creíbles hasta las más absurdas hipótesis; u otros –no como tesis contradictoria a lo anterior–, que quiso hacer una crítica a los filósofos en el sentido de que se preocupaban de abstracciones que no tenían un carácter directo con las preocupaciones humanas como tal. De hecho, por ejemplo se observa en el argumento 2, que Gorgias introduce al ser humano en su razonamiento mostrando quizás, irónicamente, que la relevancia del ser humano tiene más sentido que la pregunta abstracta por el ser –o lo que no es–; interpelando a Gorgias, nos diría algo así como: “desde los argumentos eléatas, se puede demostrar tanto que el ser es como que el ser no es”.

Pienso que incluso considerando esta posible pretensión de Gorgias, es posible rescatar el carácter filosófico de sus planteamientos; si Gorgias intenta poner en un plano superior las cuestiones del ser humano antes que las abstracciones respecto a temas como el ser, denota, en ese mismo hecho, un cuestionamiento profundo que cabe rescatar.

Debido a todo lo expuesto anteriormente, podríamos decir que una primera mirada a los planteamientos de Gorgias develaría que era un nihilista encarecido. Pero una segunda mirada nos da luces sobre, quizás, la real importancia de algo que el mismo Gorgias siempre defendió y postuló como válido: la sofística.


Referencias

Calvo, T. De los Sofistas a Platón: política y pensamiento. Editorial Cincel, Madrid, 1986.

Copleston, F. Historia de la Filosofía, tomo I “Grecia y Roma”. Editorial Ariel, Madrid, 1965.

Sofistas. Testimonios y fragmentos. Traducción y notas de Melero, A. Editorial Gredos, S.A., Madrid, 2002.

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