Críticas vigentes en el “¿Qué hacer?”

a los bisnietos ideológicos

1. Tomando distancia…

Lenin, el pelado, como lo llamaba Enríquez, no sólo encabezó la revolución rusa, sino que además fue capaz de sentar sus planteamientos férreamente entre las disputas políticas de la época. Hoy proliferan quienes quieren arrancarlo de su época para plantarlo en la nuestra. Por ello, existe Lenin, en tanto dirigente histórico de la clase obrera, y el “leninismo”, que es la ideología iluminista de la industrialización forzada, la cual fracasó estrepitosamente con los “socialismos reales”.

Escribió textos capitales en que desarrollaba sus posturas, a la par de sus triunfos. Entre ellos, es interesante el “¿Qué hacer?” (1901-2). En él plantea la posición de la revista Iskra, frente a las críticas de dos grupos: los economicistas y los espontáneos. Sorprenden las similitudes entre estos dos grupos a los que alude Lenin durante toda la obra y, paradójicamente, los grupos que se declaran hijos (o ya nietos o bisnietos) de sus enseñanzas.

Hay elementos dentro de todo, absolutamente trasnochados. Un buen ejemplo es la noción de “revolucionarios profesionales”, como parte de la “teoría de vanguardia”, los cuales han resultado hoy nocivos para el desarrollo de los movimientos sociales, sobre todo cuando se entremezclan con lo que el mismo Lenin llamaba “métodos primitivos”; es decir, un comité poco numeroso, que cree tener la verdad del cómo se debe exactamente llevar a cabo el proceso de cambios. En el texto, Lenin plantea lo recomendable de un “comité de revolucionarios profesionales”, que transmita los conocimientos políticos a los obreros:

Nosotros, revolucionarios de profesión, debemos “estimular” así [desde el exterior], y estimularlo cien veces más, el movimiento. (259)

El desarrollo posterior a Lenin de la revolución rusa, demostró cómo se transformaron aquellos revolucionarios profesionales en una nueva casta parasitaria que despolitizó a la sociedad rusa, hasta hacer caer la primera revolución triunfante del siglo XX. La expresión de esta herencia es la intromisión constante, como interferencia, de algunas políticas verticales erradas de los partidos tradicionales en los movimientos sociales.

Sin embargo de los elementos retrasados y viejos del leninismo, sorprenden algunos elementos de gran vigencia. Son los casos de las críticas que pasaré a revisar (y aprovecharé de situar parcialmente) a continuación.

2. Algunas críticas vigentes

• A la anti-teoría. No hay movimiento revolucionario “sin teoría revolucionaria” (p.156); o sea, no deja Lenin cabida a quienes no piensan conceptual y consistentemente su praxis política. Aquí se caen todas las críticas a los “académicos, teóricos e intelectuales” que se realizan todavía hoy por ciertos grupos. Más adelante hablará sobre la necesidad de los especialistas.

• A la “libertad de crítica”. La libertad como consigna es un claro lugar común de los liberales, ya sea moderados o radicales. Es una consigna nacida la mayoría de las veces, del individualismo y el hedonismo. Si bien, la crítica y la autocrítica es necesaria, la “libertad de crítica” como contenido es siempre hueco, porque en el fondo encierra una exigencia meramente formal. Un ejemplo es la afición a criticar de ciertos grupos e individuos a todo quien no cumpla exactamente con sus planteamientos; e incluso quienes interrumpen un proceso colectivo en función de su libertad de hacerlo. “La libertad es una gran palabra, pero bajo la libertad de industria se han hecho las guerras más expoliadoras, bajo la libertad del trabajo se ha despojado a los trabajadores”, dice Lenin, para agregar que, “ahora los gritos de ¡Viva la libertad de crítica!, recuerdan demasiado la fábula del tonel vacío” (140). Esta fábula refiera a un antiguo cuento ruso que explica que el tonel vacío despide un ensordecedor ruido, mientras el tonel lleno de contenido “rueda suavemente”.

• A la espontaneidad como forma de abrir espacios a la hegemonía burguesa. Dado que la ideología burguesa es más antigua que la socialista, la primera “ha sido en muchos aspectos mejor elaborada” (175). Por ende, los espontáneos, no hacen más que dejarle espacio libre a la burguesía, que luego se acostumbra a las técnicas primitivas. Podemos verlo hoy, con los trotskistas que buscan el conflicto minoritario en las calles, niegan los movimiento culturales, y en como los ocupan en su violencia de vanguardia los medios de comunicación masiva de la burguesía. Tiro por la culata.

• Necesidad de actuar con toda la sociedad. “La conciencia política de clase no se le puede aportar al obrero más que desde el exterior” (215), dice Lenin, respecto de la necesidad de la educación de la clase (lo cual es completamente cuestionable, pero está dentro de su teoría del partido como vanguardia). Luego explica que no hay que ir sólo “a los obreros” ―o sea, únicamente a las fábricas, como plantean muchos compañeros hoy… ¡cuando ya casi ni siquiera quedan fábricas en Chile!― sino que, incluso en SU época, se debería trabajar “con todas las clases de la población”.

• Al periodo primitivo de organización. La palabra “primitivo” dice mucho de los movimientos de hoy. No sé si en el sentido de Lenin, para quien el periodo primitivo es aquel de continuo ir y venir de organizaciones, grupos chicos y proliferación de periódicos, que llaman a la acción militar, que cuando la emprenden nunca tiene éxito, etc. Para Lenin esto es algo natural en los primeros periodos de gestación de un movimiento. Pero luego, si se continúa ―y podemos ver hoy de qué absurda manera se ha continuado― se transforma en otra cosa…

• A los métodos primitivos como “enfermedad”. En efecto, se transforman en enfermedad. Para los movimientos mayores ―ejemplo, los movimientos sociales como el chileno― los métodos primitivos son una enfermedad. Significa estrechez y “supone tentativas de justificar esta estrechez de miras y de erigirlas en una ‘teoría’ particular, es decir, suponer el culto a la espontaneidad también en este terreno” (241). Luego habla de los círculos que sostienen métodos primitivos de trabajo, refiriéndose a los economicistas como a “artesanos” que en la medida que se enamoran de sus métodos primitivos (ejemplo: los centros de estudiantes que se niegan a cumplir funciones “políticas”), les es imposible acceder a las tareas políticas (243).

• A la estrechez de mirada un grupo contra otro. Para Lenin se pueden compatibilizar las luchas económicas, es decir, de las conquistas concretas (por ejemplo, un aumento substancial del aporte a las universidades estatales) con las labores propiamente socialdemócratas de concientización externa. La moraleja, dice Lenin, es simple. Dicho en chileno: podemos mascar chicle y caminar.

• A la intransigencia. Para Lenin “una neutralidad amistosa puede, a veces, decidir la contienda” (267). Esto contradice la tendencia a plantearse como minoría eterna de parte de grupos trotskistas y afines. Ésta crítica va en la línea de llegar a todas las clases de la población.

Todas las citas pertencen a V. Lenin. “¿Qué hacer?”. Obras escogidas (en tres tomos), Tomo 1, pp. 133-330. Ed. Problemas, Buenos Aires, 1946. Versión castellana de Ediciones Lenguas Extranjeras de Moscú, 1941.

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