Problemas del operacionalismo: crítica y alternativas.


Resumen

Ensayo que trata sobre los principales planteamientos del operacionalismo desarrollados por por Percy Bridgman, su aplicación, sus problemas y sus críticas. Además profundiza en las críticas de Carnap y Hempel, y la reformulación propuesta por este último como fase de paso hacia las tesis de la negación de la posibilidad de reducción o interpretación total de los términos teóricos.

 

1. Límites de la mera teoría: la imposibilidad de contrastación

El límite de la filosofía, para muchos pensadores del llamado empirismo lógico, está en su tendencia a la explicación apriorística del universo.  Así lo plantea Russell, cuando embate en contra del hegelianismo como representación clásica de esta tendencia de la modernidad. La crítica se basa en que nosotros “no podemos probar” cosas como que, por ejemplo, el Universo forma algún sistema armónico (Russel, 1986). El problema en esta afirmación está en que no podemos comprobarlo empíricamente. Porque, de ser una afirmación dentro de un sistema científico (como afirmara a Hegel), cabe preguntar: ¿qué cuestionamiento se le debería hacer para que no fuera cierto aquello que plantea?, ¿cuáles serían los informes observacionales que lo harían cambiar de opinión?, ¿o acaso, a diferencia de todo el resto de teorías científicas, no es susceptible a contrastación?

La contrastación como problemática ataca la base cotidiana de nuestra experiencia y nuestro estado de creencias. La posibilidad de confirmación o refutación para una proposición determinada, es la condición necesaria para desenvolvernos en el mundo, y sobre todo en el seno de una sociedad moderna. Fundamenta nuestras creencias racionales, está a la base de la razón instrumental y contiene el motivo del porqué vamos al médico y no donde una curandera para sanar nuestras dolencias en general.

Por esta razón, poner en entredicho la imposibilidad de la contrastación de afirmaciones en teorías científicas, implica colocar ante la duda uno de los pilares de la racionalidad actual.

La aparente necesidad de salvaguardar nuestras creencias de la debacle y el escepticismo ante la imposibilidad de definir una línea clara que separe afirmaciones como “el absoluto es sujeto” de teorías como la de la relatividad especial y general, empujó a la filosofía de la ciencia a intentar sentar las bases de un vínculo indisoluble que una teorías y datos observacionales de manera en que las teorías se puedan juzgar sólo a la luz de los últimos.

La condición principal para sostener este carácter de tribunal empírico para los datos observacionales respecto de las teorías científicas (que equivale a mantener su rol contrastador), está en la posibilidad de sostener una división fundamental: la división entre conjuntos de a) un vocabulario teórico, y b) un vocabulario científico. Sobre esta distinción se sostendrá una tesis que salvará la distinción de la ciencia del resto del conocimiento humano, haciéndola capaz de diferenciarse por medio de su referencia directa a la realidad física observable. Esta posición sostenida entre otros por B. Russell, consiste en que todo término teórico es posible de interpretar totalmente por un conjunto de términos observacionales.

Esta tesis se develará ingenua al toparse con términos teóricos como “gen” o “átomo”, que son inobservables de manera directa. La crítica llevará a sostener una variable de la tesis antes citada, que consistirá en ampliarla de manera que ahora cada término teórico deba ser interpretado por un conjunto de términos operacionales, haciendo referencias a operaciones físicas. Esta tesis será defendida por el premio Nobel de Físíca Percy W. Bridgman.

2. La solución operacionalista

El problema de cierta imposibilidad de contrastación, que se nos aparece a simple vista en metafísica, sin embargo, también se nos aparece en las teorías que denominamos científicas. De hecho, se nos aparece en lo teórico como tal.

La posición operacionalista será definida por P. W. Bridgman en “The Logic of Modern Physics”, y consiste en ampliar la tesis de interpretación total de los términos teóricos a las operaciones con las que se llega a dichos términos. Se sostiene sobre la base de que cualquiera de estos términos se puede de hecho reducir a un conjunto de operaciones. La definición es bastante clara: cualquier oración que no pueda ser interpretable, es porque carece de sentido.

Para Bridgman, la imposibilidad de la contrastación de los términos teóricos deriva de su referencia a ideas abstractas. Reconociendo la gran influencia de la revolución física de Einstein, da cuenta de que ningún término teórico de una teoría científica puede interpretarse sino por medio de operaciones, o mejor dicho, con relación a operaciones, razón que los opone inmediatamente en tanto términos de la ciencia real, a la tendencia a referir ideas abstractas. Bridgman es en muchos sentidos un relativista.

Una afirmación derivada de lo dicho es plantear que cada concepto en física puede ser reducido a sus operaciones concretas. Para ello, propone como ejemplo de aplicación el concepto de longitud:

La nueva actitud [operacionalista] hacia un concepto es totalmente diferente. Podemos ilustrar considerando el concepto de longitud: ¿qué queremos decir por la longitud de un objeto? (…) Para encontrar la longitud de un objeto, nosotros tenemos que realizar ciertas operaciones físicas. El concepto de longitud está por lo tanto fijado cuando las operaciones por las cuales la longitud es medida están fijadas: es decir, el concepto de longitud implica tanto como y nada más que el conjunto de operaciones por las cuales la longitud es determinada.[1]

En el fragmento citado podemos observar aplicado, el sentido de la noción de interpretación total. Esto será una interpretación bastante obvia. Si el caso es un objeto “A” que mide 45cms, el concepto de longitud cuando hagamos referencia a ella, será posible de reducir a un conjunto de operaciones físicas que el científico utilizó al momento de medirlo. Esto podría implicar la utilización de una vara de metal marcada, numerada y estandarizada, e incluso las condiciones experimentales como la temperatura de la sala de experimentación y su influencia sobre la vara de medida o el objeto medido.

Esto, como dijimos arriba, ayuda a delimitar efectivamente aquello que es de lo que no es una oración científica, o sea, contrastable con los datos observacionales. Toda hipótesis tendrá sentido en ciencia si y sólo si es posible de reducir a un conjunto operacional.

Este será también el caso del concepto de tiempo y espacio absoluto. Si bien todos convenimos en que Newton fue un científico en el sentido de la modernidad; hay elementos de su teoría que quedan fuera del marco de la ciencia moderna para el operacionalismo. Es el caso de los conceptos de tiempo y espacios absolutos, planteados en el S. XVIII. Bajo la influencia explícita de las últimas aportaciones de Einstein, Bridgman aplica su idea de concepto al tiempo absoluto:

Aplicando esta idea de “concepto” al tiempo absoluto, no entendemos el significado de tiempo absoluto salvo que podamos decir cómo determinar el tiempo absoluto de cualquier evento concreto, por ejemplo, a menos que podamos medir el tiempo absoluto. Ahora meramente tenemos que examinar cualquiera de las operaciones posibles por las cuales medimos el tiempo para ver que todas las operaciones tales son operaciones relativas. Por lo tanto, la declaración previa de que el tiempo absoluto no existe es remplazada por la declaración de que el tiempo absoluto es un sin sentido.[2]

 

Un término, desde ahora se definirá no por sus propiedades, sino por sus operaciones reales. Las operaciones reales, a su vez, irán íntimamente ligadas a las condiciones de la medición. Si bien la condición de la temperatura de la sala de experimentos y de la varilla son parte de las condiciones generales que hemos de tomar en cuenta para la descripción operacional, también se debe “ir más allá” y describir la trayectoria de la vara, etc. aun cuando esto signifique otro conjunto de términos operacionales.

Lo dicho claramente complejiza el asunto, puesto que  podrían haber diferentes descripciones operacionales muy diversas, que podrían parecer inconmensurables. Logrará eso sí cambiar la noción de concepto como dado, por una noción de concepto como un algo puesto. De esta manera, si bien no se pueden salvar ciertas ambigüedades, ni despejar la nebulosa de la experimentación y sus diferencias físicas, quedará sentada la necesidad de su interpretación. En este punto comienza la crítica a dicha ambigüedad por parte de vario autores.

3. Críticas al operacionalismo

El operacionalismo funciona para ciertas descripciones. Es el caso de los ejemplos que Hempel (1987) propone a) del ácido y la operación de introducir en su recipiente un papel tornasol, b) de la dureza de un cuerpo, su relación con la presión ejercida sobre él y la observación de sus efectos, y c) la descripción de un imán y la atracción sobre él de barras de hierro. En cada ejemplo tenemos descripciones no cuantitativas, y una de ellas, la de dureza, de tipo relacional en la que se puede describir que un objeto es “más duro que…”. Sin embargo, el operacionalismo también pretende para salvar la posibilidad de contrastación, describir operacionalmente conceptos de tipo cuantitativo, como es el caso de los conceptos de “longitud”, “masa”, “velocidad”, etc. Ante ello, la concepción operacionalista se vuelve relativa a reglas de medición.

Pero además para salvar la conmensurabilidad de cada uno de los conceptos operacionales de longitud, hará falta un criterio que lo haga posible. Este criterio será llamado “criterio de consistencia”. Él implica que cada procedimiento ligado a un concepto cuantitativo, aunque sea operacionalmente distinto, debería conducir a un mismo resultado. Dos operaciones de medición deberían referir a una y la misma cosa, aunque difieran internamente como conjuntos operacionales. Sin embargo, esto contradice la propia aspiración operacionalista de no caer en generalizaciones de tipo teóricas. Asumir como conmensurable dos mediciones empíricas tiene un claro sentido de una generalización empírica, razón que haría abrir un nicho para que una contrastación, incluso en el caso de resultar confirmatoria, pueda resultar falsa de todas formas.

Bridgman afirma que esta inseguridad no se puede asumir, de lo cual deriva una tesis tan radical como fuera de todo pragmatismo: “se debería considerar que criterios operacionales diferentes caracterizan conceptos diferentes”, y con ello, se deberían llamar también de distintas maneras. Así habría una infinidad de términos para conceptos como “longitud”, del tipo “longitud-táctil”, “longitud-óptica”, etc. (Hempel, 1987).

Además, el concepto operacionalista de interpretación total, tiene problemas con la definición de conceptos disposicionales, como el caso de “rompible”, “permeable”, etc. Y entre ellos con el establecimiento de leyes (Hempel, 1979). Los enunciados legaliformes caerán en la misma trampa de ser generalizaciones empíricas si han de cumplir con la condición de ser conmensurables y consistentes.

Otra crítica al operacionalismo es la de Carnap. Este encuentra una inconsistencia al momento de establecer la formalización de una descripción operacionalista. El ejemplo de Carnap es explicado por Shapere. Se dirá que un objeto es magnético si y sólo si cumple la condición de que, al acercársele un trozo de hierro, este se moverá hacia el objeto. La formalización se podría formalizar de la siguiente forma: Qx ≡ (Cx → Ex), donde Q es el término teórico “magnético”, C son las condiciones operacionales del experimento, y E los efectos esperados que confirmarían la hipótesis. El problema aparece cuando, asumiendo que la definición de “≡” (si y sólo si) obliga a que el valor de verdad de uno de los términos sea homólogo al segundo, y que “→” (implica) tiene como regla que, si el primero término, a saber “p”,  tiene por valor de verdad ser falso, el enuncia do del tipo “p → q” será verdadero, dado que de una falsedad cualquier otra cosa se sigue. La conclusión entonces, podría ser que el objeto sometido, de no cumplir con las condiciones operacionales “C” de experimentación, entregue un valor “V” a “Cx → Ex”, y con ello, un valor homólogo a su par “Q” para “x”; objeto “x” que será magnético sin cumplir con las condiciones “C” (Shapere, 2005).  De esta inconsistencia develada por Carnap, se derivan otras en las que no nos detendremos.

Además, otra crítica de Shapere será referente al carácter de “operación posible”. ¿Qué quiere decir Bridgman con “operación posible”? Shapere expone tres posibilidades. La primera, es la posibilidad técnica; pero esta estará definida por el avance histórico de la ciencia y la técnica. Un enunciado como “fotografiar el otro lado de la luna” no tendría sentido hace un siglo. Pero todo parece decir que si tendría sentido para Bridgman. Una segunda noción de posibilidad, sería la de posibilidad teórica; pero esta no permitiría la introducción de contrafácticos como hipótesis, anquilosando la rueda de la ciencia a sus teorías actualmente contrastadas. Los científicos que trabajan mediante contrafácticos serían reducidos a la categoría de magos. La tercera noción de posibilidad, sería la de posibilidad lógica; pero con ella, abriríamos la ventana al asalto de sentencias del primer tipo expuestas en este ensayo: aquellas que según Russell buscan la explicación apriorística del universo, guiados sólo por las distintas lógicas.

4. Alternativas: reformulaciones y salidas.

El conflicto entre el operacionalismo y la lógica planteará dos salidas. La primera será una reformulación en la noción de implicación lógica, simbolizada por “→”, en la que la implicación resulte determinada por su uso experimental.  Esta solución, particularizada en nociones como “conexión física”, “conexión necesaria”, etc. no ha dado ninguna proyección prometedora, razón que justifica no profundizar en ella.

Carnap, en cambio, optará por la segunda, a saber, que nuestra noción de relación entre términos observacionales y términos teóricos está equivocada. Con ello, se dibuja la primera salida al callejón operacionalista de interpretación total de los términos teóricos: sostener sólo una interpretación parcial de los mismos. En resumen, Carnap afirmará que los términos teóricos no son prescindibles en ninguna teoría científica como tal, dado que en ningún caso estos son totalmente interpretables como planteara la tesis de Bridgman. Propone para ello, la interpretación parcial por medio de “Reglas de formación de sistema”, que suponen, a) que algunos términos teóricos se relacionan con términos observacionales, en ningún caso proclives a una interpretación total, y b) que otros términos teóricos se relación sólo con términos teóricos en el seno de una teoría. (Shapere, 2005).

Por su parte, Hempel (Hempel, 1979, 1989; Shapere, 2005) propondrá ver las teorías como sistemas axiomáticos interpretados en base a términos primitivos los cuales estarían previamente comprendidos. Para ello, propone la introducción, a manera de reglas de un juego, enunciados o reglas de interpretación para relacionar los términos teóricos con términos observacionales que los interpreten parcialmente.

Hempel (1989), además, propone una figura explicativa: la analogía del puente. Y con lo difícil que es encontrar analogías o tratamientos figurativos en filósofos del empirismo lógico y sus derivados, me gustaría explicarla. Cito:

El proceso podría compararse con la construcción de un puente a través de un río, consistente en comenzar instalándolo primero sobre pontones o sobre soportes provisionales hundidos en el fondo del río, utilizar luego el puente como plataforma para mejorar o incluso para rectificar los cimientos, y después ajustar de nuevo y ampliar la superestructura, con el fin de erigir un sistema total cada vez más sólidamente asentado y estructuralmente correcto. (p.141)

En la figura, una interpretación posible es que los cimientos provisionales son las definiciones de tipo operacionales, las cuales, si bien no pueden interpretar toda la edificación, porque no se relacionan con toda la superestructura de manera directa, pueden servir para su interpretación parcial y provisional. Pero luego será la misma teoría, la edificación, o en la metáfora, el puente mismo, el cual en su funcionamiento en cuanto tal  (históricamente la práctica científica) será lo que modifique, o mejor, rectifique según su propio desarrollo los primeros cimientos de carácter provisional. En otras palabras, con esta analogía del puente, Hempel abre la posibilidad tanto a la teoría de los paradigmas como al historicismo. Los “cimientos”, que son los datos operacionales u observacionales provisorios, en realidad, al “rectificarse” junto al desarrollo de la ciencia, que es la superestructura del puente, lo que se hace es interpretarlos, no en el sentido puro, del cual se ha alejado siendo este meramente provisional, sino en el sentido de ver organizando, idea de la que se puede extraer otra tesis aun más radical: la tesis de la imposibilidad de delimitar lo teórico de lo observacional.

La observación será en su propio desarrollo en tanto operación del conocer, un “ver como” (en el sentido del segundo Wittgenstein de las Investigación Filosóficas), lo cual implicará que cada teoría se base implícitamente en la aplicación de un enlace entre lo observado y el cuerpo de conocimiento disponible (Hanson, 2005). Esta última tesis planteada abre la posibilidad a las interpretaciones de Khun y la inconmensurabilidad de las teorías científicas; y a las tesis historicistas de Lakatos. Pero, ya vislumbras las salidas de la tesis de la interpretación total de los términos teóricos, y con ella, del operacionalismo como tránsito provisional hacia, por ejemplo, la teoría de los paradigmas, estas salidas en su desarrollo son harina de otro costal.

Bibliografía

Bridgman, Percy W., The Logic of Modern Physics, Ed. MacMillan, New York Edition, 1927.

Hempel, Carl G., Filosofía de la Ciencia Natural, Alianza Editorial, 1987.

 ______, La explicación científica, Ed. Paidos, 1979.

Shapere, Dudley. El problema de los términos teóricos. En Olivé, León & Pérez Ransanz, Ana (compiladores). Filosofía de la ciencia: teoría y observación. Ed. Siglo XXI, segunda edición, 2005.

Hanson, Norwood. Observación. En Olivé, León & Pérez Ransanz, Ana (compiladores). Filosofía de la ciencia: teoría y observación. Ed. Siglo XXI, segunda edición, 2005.

Russel, Bertrand (1986). Los problemas de la filosofía. Trad. De Joaquín Xirau. Barcelona: Labor.


[1] “The new attitude toward a concept is entirely different. We may illustrate by considering the concept of length: what do we mean by the length of an object? (…) To find the length of an object, we have to perform certain physical operations. The concept of length is therefore fixed when the operations by which length is measured are fixed: that is, the concept of length involves as much as and nothing more than the set of operations by which length is determined.” (Bridgman, 1927)

[2] “Applying this idea of “concept” to absolute time, we do not understand the meaning of absolute time unless we can tell how to determine the absolute time of any concrete event, i.e., unless we can measure absolute time. Now we merely have to examine any of the possible operations by which we measure time to see that all such operations are relative operations. Therefore the previous statement that absolute time does not exist is replaced by the statement that absolute time is meaningless” (Bridgman, 1927)

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